España: El turismo en este país estudia cómo "reinventarse" la crisis
España: En los años 60 y 70, en pleno boom del turismo en este país, bastaba con poner un hotel junto a la playa y lo llenabas. Aquellos extranjeros eran felices con una hamaca o una sombrilla. Pero no eran turistas en el sentido estricto. Hoy sí, y piden más cosas; toda una oferta complementaria que les permita llenar de forma útil su tiempo libre.
Son palabras de Juan Andrés Melián, un veterano empresario canario que lleva casi tres décadas trabajando en el sector, y que ahora preside la Mesa del Turismo que, junto a la alianza Exceltur, representa a la mayoría de operadores del sector.
El análisis de Melián es compartido casi en su totalidad por la mayoría de sus colegas, e incluso desde la propia Administración. Todos coinciden en que el popular modelo del “sol y playa”, denostado por algunos, no sólo no debe enterrarse sino que ha de reforzarse y adaptarse a los nuevos tiempos, ahora marcados por una crisis galopante a la que todavía no se vislumbra el final, que los más optimistas sitúan en 2010 mientras el resto piensa más en 2011.
“No está ni mucho menos caduco, pero tampoco podemos dormirnos”, afirma Jesús Maciñeiras, presidente de la Asociación Empresarial de Agencias de Viajes Españolas (AEDAVE), en referencia al renombrado sol y playa. “Lo que no funciona es lo que funcionaba hace 30 o 40 años, pero –advierte- nuestra climatología agradable sigue siendo un valor al alza y una clara ventaja competitiva, a la que no podemos renunciar sin más”.
De competencia saben mucho los hoteleros, pues este sector es el primero que acusa la crisis en forma de reducción de pernoctaciones. No obstante, Juan Molas, presidente de su patronal, insiste en las ventajas comparativas de los destinos españoles frente a otros del norte de África, Oriente Medio e incluso el Caribe. “No niego que tengan su atractivo –afirma-, pero la sanidad y la seguridad que tenemos nosotros no existen en esas regiones, sin duda”.
Menos turistas
Pero ningún empresario del sector quiere caer en la autocomplacencia, y menos después de que 2008 fuera su peor año de la última década. Esta afirmación, sin embargo, ha de ser matizada, y así lo demandan desde el Gobierno.
El director general de Turespaña, Antonio Bernabé, recuerda que aunque_llegaron 1,7 millones de turistas menos -lo que supone una caída del 2,6%-, el volumen total alcanzó los 57 millones y medio. Además, el saldo entre ingresos y gastos no sólo no bajó, sino que incluso aumentó un poco, casi un 1% al cierre de octubre, según las últimas cifras oficiales publicados por el Banco de España.
Sus cifras, empero, no terminan de ajustar con las de Exceltur, el “lobby” turístico por excelencia que agrupa a grandes empresas como touroperadores, hoteleros y aerolíneas. Su último informe, elaborado hace pocas fechas, sostiene que el Producto Interior Bruto (PIB) del sector cayó un 1,1% mientras que la facturación de las empresas lo hizo un 4,1%. La consecuencia es que, según la encuesta que realizan de forma periódica a 3.500 compañías dedicadas a este negocio, al menos, tres de cada cuatro vieron reducidas sus ventas y sus beneficios.
Con este panorama, el vicepresidente ejecutivo de Exceltur, José Luis Zoreda, habla ya de desempleo en el sector “tras siete años creciendo a tasas inferiores a las de la economía española. No resulta agradable dar estas previsiones -se justifica-, pero si no se toman medidas intensas pueden destruirse 100.000 empleos antes del verano”.
Esas actuaciones, en su opinión, no pueden ceñirse a la mera promoción de destinos, afirma en tono crítico tras advertir de la necesidad de reorientar el Plan Horizonte 2020 –la “niña bonita” del Gobierno para este ámbito– “si no queremos que se quede obsoleto en un año”.
El culpable, de nuevo, parece ser la crisis, pues también existe una coincidencia casi general en que, a pesar de que el sector arrastra algunos problemas estructurales -lo vetusto de bastantes infraestructuras es uno de los principales-, el factor principal a la hora de que la demanda se retraiga ha sido la ya confirmada recesión económica, sobre todo en la Unión Europea, en la que se encuentran los principales países emisores hacia el mercado español. Por ese motivo, el director general de Turespaña no duda en calificar esta etapa de “incertidumbre”, marcada en gran medida por la fuerte retracción del consumo.
Cambio de hábitos
“Hay poca gente dispuesta a renunciar a sus vacaciones, pero sí es cierto que cada vez toma sus decisiones más tarde”, explica Bernabé, quien sostiene que esto favorece a los destinos de proximidad y reduce los desplazamientos de largas distancias. “La consecuencia –insiste- es que los flujos de viajeros se van a reordenar de forma clara, de modo que esperamos que haya más demanda nacional y menos extranjera, por lo que una compensara a la otra”. Los datos, por ahora, le dan la razón pero con matices.
Con una tendencia creciente de vacaciones más cortas y, por tanto, dirigidas sobre todo a destinos más cercanos, el número de viajes que los españoles realizaron por el interior del país durante los nueve primeros meses de 2008 (últimos datos disponibles en el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio) había aumentado un 9,3% en tasa interanual hasta los 130,8 millones.
El problema es que en septiembre, mes tradicionalmente potente para el sector, habían caído casi un 11%. La clave, como al principio, la vuelva a dar el veterano Melián. “La gente no va a renunciar a su tiempo de ocio –explica-, pero tampoco se va a conformar con cualquier cosa”.




