El Caribe de los contrastes: Los destinos menos visitados en 2025
El año 2025 ha consolidado una brecha fascinante en el panorama turístico de las Antillas. Mientras destinos consolidados como la República Dominicana celebraron cifras estratosféricas —alcanzando el hito histórico de 11,6 millones de visitantes—, otros rincones de la región parecen operar en una dimensión paralela de calma y aislamiento.
Esta dualidad define el presente del sector: un Caribe de dos velocidades donde el éxito se mide, para algunos, en millones de llegadas y, para otros, en la preservación de su esencia intacta.
En el extremo del mapa de la baja afluencia, Montserrat se mantiene firmemente como el destino menos visitado. Con apenas 19,000 turistas registrados en el cierre del año, esta isla británica de ultramar es el "secreto mejor guardado" por obligación. La sombra del volcán Soufrière Hills sigue dictando el ritmo del turismo local; la zona de exclusión, que sepultó la antigua capital, Plymouth, atrae a un perfil muy específico de viajero interesado en el geoturismo y la historia volcánica, alejándose por completo del modelo de resorts masivos.
Otro protagonista de este "turismo de nicho" es Dominica. A pesar de un crecimiento moderado del 10% durante el primer semestre de 2025, el país cerró el año con cifras que palidecen ante los gigantes de la región. Conocida como la "Isla de la Naturaleza", su apuesta por el ecoturismo sostenible y sus playas de arena negra volcánica actúan como un filtro natural. Aquí no hay aeropuertos para grandes aeronaves ni megaproyectos hoteleros, lo que garantiza una experiencia de inmersión en la selva y buceo de clase mundial para unos pocos afortunados.
Por su parte, el archipiélago de San Vicente y las Granadinas presentó un fenómeno curioso en 2025. Aunque fue calificado por la Organización de Turismo del Caribe (CTO) como uno de los destinos de mayor crecimiento porcentual (un 17.3% más que en 2024), en números absolutos sigue siendo un destino de baja densidad. Su atractivo reside en la exclusividad de islas privadas como Mustique y Canouan, donde el turismo de lujo y el sector de los yates mantienen la privacidad como su principal activo de venta.
El contraste con el modelo de Punta Cana o Puerto Plata es evidente. Mientras que la conectividad aérea y la infraestructura masiva han hecho de 2025 el año de oro para el turismo dominicano, destinos como Saba y San Eustaquio continúan siendo refugios para quienes huyen de las multitudes.
En estas pequeñas islas, el éxito no se cuenta por millones de pasajeros, sino por la capacidad de ofrecer un Caribe auténtico, donde el silencio y la naturaleza virgen son los verdaderos lujos del siglo XXI.




