El destino a través de la lente: “El viajero busca contraste”
Entrevista a Morten Andersen, fotógrafo dedicado al turismo y reconocido con el Hollywood Documentary Awards
por Maria Carrasco Lloria
El fotógrafo y documentalista Morten Andersen lleva casi dos décadas recorriendo Europa, Sudamérica y Centroamérica documentando destinos turísticos y contando historias humanas a través de la imagen. Ahora se dirige a Galicia, donde encuentra un nuevo desafío: cómo las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial están transformando la comunicación audiovisual en turismo.
La IA que transforma el destino, pero mantiene la autenticidad
Andersen asegura que ha dedicado años a investigar el impacto de la IA en el sector, tomando clases y hablando con empresas tecnológicas para entender hacia dónde se dirige la industria. Aun así, mantiene una postura clara: considera que la inteligencia artificial es una herramienta “maravillosa”, pero advierte de que el turismo tiene un problema serio cuando pierde storytelling, autenticidad y credibilidad.
Entender la realidad a través de la lente: la esencia al servicio de la percepción

Su visión de la fotografía nace del reportaje y el documental. Durante sus primeros años trabajó para The New York Times, The Guardian y National Geographic, en una época en la que, recuerda, The New York Times no permitía el uso de Photoshop. Esa formación, explica, le obligó a trabajar desde la autenticidad absoluta y a entender la fotografía como documentación de la realidad.
Aunque hoy sí cuenta con editores fotográficos, insiste en que nunca lleva el retoque al extremo. Para Andersen, la esencia de un destino no se encuentra únicamente en la estética de una catedral o un paisaje, sino en las personas que habitan esos lugares. Por eso, cuando llega a un destino, su primera reacción no suele ser sacar la cámara, sino hablar con quienes viven allí.
La importancia del testimonio para contar el destino
Cuenta que siempre intenta entender qué hace especial a un sitio, por qué la gente lo aprecia y qué historias lo sostienen. Considera que muchos destinos turísticos dependen de “héroes locales”: propietarios de pequeños restaurantes, agencias o negocios familiares que trabajan diariamente para mantener viva la identidad del lugar.
Como ejemplo recuerda una portada realizada para National Geographic en Río de Janeiro. Durante una sesión en una roca situada sobre una catarata, una joven francesa se sentó espontáneamente frente al paisaje y, según explica, aquel instante transmitía una naturalidad imposible de recrear artificialmente.
La fotografía turística depende precisamente de esa mezcla entre preparación y capacidad de detectar el momento auténtico, cuenta Andersen.
Esa rapidez para reaccionar, asegura, proviene también de su experiencia en zonas de conflicto. A lo largo de su carrera convivió con tropas especiales en Colombia, documentó operaciones contra laboratorios de cocaína, trabajó cerca de la guerrilla y acompañó a unidades policiales antisecuestro en São Paulo. En contextos así, afirma, no existe tiempo para preparar una escena: el fotógrafo debe capturar la realidad tal y como ocurre.
Ese aprendizaje le sirve hoy tanto en turismo como en fotografía corporativa. Explica que cuando dispone de apenas media hora para retratar al director de una gran empresa, no puede perder tiempo buscando la luz perfecta. Debe observar rápido, reaccionar y ejecutar.

Cuestionar la tecnología para poder aplicarla: la pérdida de credibilidad del destino
Actualmente, Andersen trabaja más en video que en fotografía porque considera que el formato testimonial transmite mayor credibilidad. Cree que los viajeros están cada vez más expuestos a contenidos manipulados en redes sociales y que el público ha aprendido a cuestionar constantemente lo que ve. Incluso pone como ejemplo a su hija de nueve años, que identifica con facilidad imágenes generadas con inteligencia artificial mientras navega por internet.
Según el documentalista, la confianza se ha convertido en uno de los elementos más delicados del turismo contemporáneo. Asegura que cuando un destino pierde credibilidad resulta muy difícil recuperarla, por lo que apuesta por relatos humanos y testimonios difíciles de falsificar.
“No se puede vender un destino del que no se está orgulloso”
En Galicia pretende aplicar precisamente esa filosofía. Más allá de mostrar paisajes o gastronomía, quiere contar historias vinculadas al territorio, como la de un pulpeiro o personajes locales capaces de explicar el alma del lugar. Andersen considera que el viajero actual no se conforma con consumir un destino: quiere entender por qué ese sitio es importante para quienes viven allí.
Galicia será una historia de frescura
Entre esas piezas recuerda especialmente la de una mujer de 90 años que llevaba siete décadas casada con un gaucho chileno en Patagonia. Andersen explica que la mujer comparaba el amor con el clima patagónico: lleno de tormentas, belleza, lluvia y sol. Otra de las historias seguía a un observador de aves ciego en Iguazú que invitaba a los turistas a cerrar los ojos para escuchar la selva más allá de lo visual.

Sobre Galicia y Ourense, Andersen cree que el principal reto consiste en romper la percepción de destino envejecido sin perder autenticidad. Explica que durante sus reuniones con responsables turísticos insistió en la necesidad de mostrar jóvenes, familias y vida contemporánea conviviendo con monasterios, termas y tradición.
No pretende transformar Galicia en un destino de ocio masivo, aclara, sino transmitir que es un lugar donde puede convivir cualquier perfil de viajero: desde jubilados hasta parejas jóvenes o familias. Para él, la clave está en mezclar historia con frescura.
La reacción del turismo: el destino fresco frente a la masificación de las ciudades
Tras la pandemia muchas personas empezaron a valorar espacios menos masificados y más tranquilos. Por eso le interesan especialmente lugares como Patagonia o Galicia, donde todavía existe sensación de autenticidad y descubrimiento.
Frente al turismo acelerado y abarrotado, Andersen cree que el viajero busca cada vez más “contraste”: combinar grandes capitales con pueblos pequeños, experiencias urbanas con destinos tranquilos y turísticos con lugares donde todavía sea posible sentirse parte del entorno.
Entre los lugares que más le han impresionado en España menciona San Sebastián, ciudad que describe como un sitio donde “el tiempo parece haberse detenido”. Destaca especialmente el orgullo local, la personalidad de sus habitantes y la autenticidad con la que muestran su cultura.
El límite de la IA: la sensibilidad humana
En relación con la inteligencia artificial, Andersen insiste en que puede resultar extremadamente útil en procesos de investigación, preproducción o distribución de contenidos. Explica que suele utilizarla para analizar destinos, descubrir ideas narrativas o preparar guiones de trabajo.
Sin embargo, marca un límite muy claro: nunca utiliza imágenes generadas por IA cuando viaja a documentar un lugar real. Considera que hacerlo rompería completamente con su visión documental y con la autenticidad que intenta transmitir.
Para Andersen, la IA jamás podrá sustituir la experiencia, el talento o la sensibilidad humana. Cree que puede facilitar el trabajo, pero advierte de que, si termina reemplazando completamente la creación, todo acabará pareciéndose demasiado: mismas imágenes, mismos textos y mismas narrativas.
Y, precisamente por eso, está convencido de que el viajero del futuro seguirá buscando aquello que todavía no puede fabricar un algoritmo: autenticidad.




